Su Folklore

Lunes, 8 Septiembre   

El espejo ocupa un lugar importante en la mitología y las supersticiones de muchos pueblos.

La imagen que en él se refleja se identifica a menudo con el alma o espíritu de la persona: de ahí por ejemplo que los vampiros, cuerpos sin alma, no se reflejen en él. Cuando un moribundo está a punto de dejar este mundo, es común que se cubran los espejos, por temor a que el alma del agonizante quede encerrada en ellos.

El espejo se concibe, así, como ventana al mundo de los espíritus. La leyenda urbana de Verónica aprovecha ejemplarmente esta visión. Viceversa, el mundo de los espíritus tiende a imaginarse como una contrapartida especular del de los vivos. Lewis Carroll desarrolla magistralmente la idea del espejo como entrada a un mundo inverso en la segunda parte de las aventuras de Alicia.

El espejo es también objeto frecuente de consulta: se le juzga capaz de mostrar sucesos y objetos distantes en el tiempo o el espacio. En el cuento de Blancanieves, el espejo tiene la facultad de hablar y responde a las preguntas que le formula la madrastra. J.R.R. Tolkien retoma con su célebre espejo de Galadriel la tradición del espejo capaz de mostrar el futuro.

En la novela Harry Potter y la piedra filosofal, de J. K. Rowling, aparece el espejo OESED (DESEO leído a la inversa), que no refleja la imagen de quien lo contempla, sino sus deseos más profundos.


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